Entre miles de características que podríamos dar de Dios, hay dos que sobresalen por encima de todas: el Amor y la Misericordia.

Todopoderoso, Eterno, Perfecto, Inmutable…

¡Sí!: Dios es todo eso y mucho más…

Pero Él ES, esencialmente, Amor y Misericordia… Es el más amoroso y el más misericordioso de todos los padres…

En conexión con ese Dios, respondiendo a Su llamado, surge el Apostolado de la Nueva Evangelización, con la misión institucional de promover, precisamente, una Cruzada Mundial de Amor y de Misericordia.

Entendemos que, edificar el Reino de Cristo, es hacer que el Amor y la Misericordia de Dios se derramen, en el mundo, a manos llenas…

Que los hombres y las mujeres de hoy, tengan los corazones satisfechos, que sus vidas sean un testimonio permanente de ese Amor y de esa Misericordia.

Para cambiar el mundo, es necesario que cada uno de nosotros cambie: desde adentro; con la ayuda de ese Dios, Padre Amoroso, que nos conoce más de lo que nosotros mismos nos conocemos, que sabe perfectamente lo que necesitamos, lo que debemos mejorar, lo que nos hace falta y también lo que nos viene sobrando…

Por eso la CONVERSIÓN PERSONAL está en la raíz de todo este proceso… pues ese es el mensaje central del Evangelio: “Convierte tu vida en un testimonio de Amor”.

Para avanzar en esa conversión, en el ANE tenemos lo que llamamos “Casitas de Oración”: son pequeñas comunidades eclesiales, grupos de entre 5 y 10 personas que nos reunimos una vez por semana, en las casas, para rezar en comunidad, para estudiar el Evangelio, para profundizar en su enseñanza, siguiendo el Catecismo de la Iglesia; para encontrar el modo de hacer que, ese Evangelio, penetre hasta lo más profundo de nosotros y se refleje en nuestras vidas… en lo que pensamos, en lo que sentimos, y por supuesto, en lo que HACEMOS.

El reflejo de que asimilamos ese Evangelio, se expresa a través de nuestros Ministerios de Servicio, que nos permitirán escuchar un día, de labios del Señor: “Vengan benditos de mi Padre, y tomen posesión del Reino…”

Entre esos Ministerios de Servicio, citamos ahora cinco:

  • Los CASANES, es decir, los Centros de Asistencia del Apostolado de la Nueva Evangelización: que proveen de comida, ropa, servicios de salud, medicinas, consejería, a los más necesitados. (“…porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me cobijaron, estuve desnudo y me vistieron…”)
  • Salud de los Enfermos: donde se visita a quienes padecen alguna enfermedad; consolándoles y fortaleciéndoles en Dios, a ellos y a sus familiares. Apoyándoles en sus necesidades. (“estuve enfermo y me visitaron…”)
  • Labor Penitenciaria: que nos permite asistir a nuestros hermanos reclusos, acompañándoles y transmitiéndoles la Fe y la Esperanza en Dios. (“estuve preso y me fueron a ver…”)
  • Tercera y Cuarta Edad: que nos impulsa a visitar, escuchar, acompañar, asistir a los ancianos, que muchas veces se sienten olvidados, despreciados, desechados.
  • ANE-Provida: promueve y difunde el Evangelio de la Vida, frente a una cultura de la muerte, del aborto, de la eutanasia… que se nos quiere imponer.
  • Apoyo a la Iglesia: busca y canaliza recursos, para aquellos que más lo necesitan.

En cada uno de estos Ministerios de Servicio, trabajamos principalmente para transmitir la Buena Nueva del Evangelio, que es esperanza, amor y gozo.

En Comunión con el Papa, con los obispos y pastores de la Iglesia Católica, trabajamos comprometidamente en todas las Diócesis en las que encontramos personas que sienten el llamado de Dios para una vida de servicio y entrega, desde la situación que a cada quien le toca vivir.

Siguiendo el ejemplo de obediencia, humildad y servicio de la Santísima Virgen María, a Ella le encomendamos, cada día, los frutos de nuestras tareas.

Alimentados y fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, procuramos, como Él, entregar todo lo que somos y tenemos, para dar gloria al Padre, en la Comunión plena con el Espíritu Santo.

Tú tienes mucho para dar a Dios y a los demás, y verás que, al hacerlo, en verdad es mucho más aún lo que recibes.

No te ofrecemos un camino libre de obstáculos y problemas, pero la meta es el Cielo, y es para la Vida Eterna; o sea que, dinos tú si vale o no vale la pena entregarse…

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